23 julio, 2019

Fernanda García Lao: escritora, dramaturga y poeta

Entrevista por Romina Mastroberardino

Redacción por Redacción En Nota

“Estuve trabajando en mi laboratorio, escribiendo mucho y sin mostrar por largo tiempo. No es tan importante mostrar, publicar, sino encontrar una voz potente y propia”.

 

Publicaste en editoriales independientes y en grupos editoriales más grandes. ¿Qué experiencias diferentes tuviste?

Lo primero que me pasó es que, como yo venía del teatro, cuando gané el premio del Fondo Nacional de las Artes con mi novela Muerta de hambre, sentí que necesitaba hablar con alguien que me orientara desde un espíritu crítico. Había conocido a Carlos Bernatek porque mi libro La perfecta otra cosa había ganado un premio de La casa del Escritor, que ya no existe, y él era la única persona que conocía en el medio. Él me dijo que cualquier editorial me publicaría porque estaba validada por el premio del Fondo, pero el tema era qué editorial quería yo. Me dijo: “ Si querés publicar en una editorial grande, como nadie te conoce, el libro va a tener una vida útil muy breve; vas a competir con nombres consagrados o instalados en el medio; y te van a guillotinar a los dos meses o tu libro va a ser saldo. Si vas a una editorial más chica, te van a cuidar porque es un material de largo alcance. No están buscando un best seller ni recuperar ningún tipo de inversión, sino que van a sostener tu libro como parte de un catálogo y de una creencia”. Entonces, me preguntó qué editorial me gustaba y yo pensé en el editor que más me gustaba, que era Edgardo Russo, quien había estado en Adriana Hidalgo; después había creado Interzona con Damián Ríos y llevaba un año o dos con El Cuenco de Plata. Me dijo Carlos: “Bueno, empezá por ahí y si no funciona, seguí por el siguiente que más te interese”. Él fue muy generoso y me abrió un panorama muy claro para saber qué hacer. Entonces, lo primero que hice fue hablar con Edgardo porque es muy importante hablar antes de mandar el material (porque caso contrario tu material va directo a la papelera). Además, saber qué está publicando esa editorial. Si  vos tenés una novela y mandas a una editorial que está publicando ensayos… Obviamente no la mandes allí. Hay que ver la línea editorial, qué escritores forman parte de ese universo. Por eso es importante saber qué está publicando la editorial. Lo llamé a Edgardo, me dijo que se la mandara y que se iba a tomar unos días. Al día siguiente, me llamó a mi casa diciendo que se estaba “muriendo de risa” leyendo Muerta de hambre y que la quería publicar. Desde ese lugar fue sencillo. En El Cuenco de Plata salieron mis tres primeros libros Muerta de hambre, La perfecta otra cosa y La piel dura.

Cuando estaba por salir La piel dura, en el 2011, yo tenía otra terminada y la mandé al concurso Letras Sur, que organizaba la editorial El Ateneo. La novela quedó finalista, pero no ganó. Me llamaron de la editorial que querían publicarla igual. Entonces salieron el mismo año La piel dura y Vagabunda. Fue una experiencia en simultáneo con dos editoriales de catálogos diferentes y ambiciones literarias y económicas distintas.

¿Cuál fue la diferencia económica con El Ateneo?

 La diferencia fue que firmé un contrato con adelanto económico por primera vez. Muerta de hambre recibió el premio del Fondo Nacional de las Artes; La perfecta otra cosa recibió un premio con un subsidio de publicación; y La piel dura fue una inversión de El Cuenco de Plata y yo tenía que esperar seis meses para cobrar mi adelanto. Fue con Vagabunda que me pagaron un adelanto. Esto es parte del proceso de ir publicando: van cambiando las reglas de juego. Pero para mí eso es secundario porque no pienso en términos de carrera, para nada. Más adelante, me pasó algo gracioso con Nacho Iraola de Planeta. Lo conozco en una cena después de que presenté un libro editado por ellos de Volpi, el escritor mexicano, y Nacho me dijo que por qué yo no estaba en su editorial y yo le dije que yo no era para publicar en Planeta porque escribía unos delirios para gente rara y me dijo que perfectamente podría estar en Emecé. Años después, publiqué allí Fuera de la jaula, previo paso por Entropía donde publiqué Cómo usar un cuchillo, mi libro de cuentos. ya tenía agente y le dije que quería publicar allí.

Hablaste de que no pensás en términos de carrera. ¿Podrías explayarte un poco?

Carrera me suena a un asunto deportivo y la literatura no tiene un objetivo o una meta. Yo escribo contra el libro anterior; contra mí misma en todo caso. Descreo de la carrera. Por otro lado, vivimos en Argentina donde cuatro o cinco pueden vivir de la escritura.

¿Consideras que los escritores están precarizados?

Está precarizada la lectura. Si no hay lectores, ¿de qué va a vivir un escritor? La cultura está arrumbada a un costado. Es como un poder sin escudería porque cuanto menos se lea y menos espíritu crítico se promueva, la gente es más fácil de manipular y, por otro lado, es anticonsumo.

¿Te podrías explayar un poco en relación a la literatura como anticonsumo?

 El consumismo implica el acceso al producto fácil. Uno se compra un celular para mostrarlo. El conocimiento no se compra ni se puede robar.

Entiendo, pero aunque suene feo existe también un consumo cultural. ¿Qué pensás? 

El consumo cultural es un término detestable.

Estamos de acuerdo, pero existe y ese consumo cultural es para mostrar. ¿No te parece?

Si, los esclavos de la novedad. ¿Viste, leíste, escuchaste? Por eso no leo los libros que están de moda, la novedad.

¿Un consumo como pretensión de estatus intelectual?

Sí, horrible, prefiero al que fotocopia. Me gustan los que se desmarcan.

Lo raro. ¿Lo que tiene un toque fuera del sistema?

Sí, tal cual. Y por otro lado, a mí no me importa que fotocopien un libro mío; me importan los ojos arriba de lo que escribo. Pienso que hay que conservar cierta incomodidad frente al mundo. Con el estómago lleno se escribe diferente, lo que no significa que no me parezca un desastre que cualquier artista tenga que subsistir con doscientos trabajos. Es un oficio de riesgo.

Anteriormente comentaste que tenés agente literario. Contanos un poco cómo es eso.

Sí, lo tengo porque él sabe más que yo de contratos; yo soy malísima para eso. Sobre todo porque mis tres primeras novelas se habían publicado en Francia, entonces para los contratos internacionales sentía que lo necesitaba. A mí me interesa la literatura, no los contratos. Por otro lado, él lee y me sugiere editoriales. También mi agente me dijo que mi literatura no iba a vender toneladas, entonces me preguntó qué pensaba hacer y le dije que seguir exactamente igual y allí mismo me dijo: “entonces vamos a poder trabajar juntos”. Eso fue muy bueno. Él lee lo que le envío y piensa dónde presentarlo, y si le dicen que no yo ni me entero. Es alguien que se ocupa de lo que no me interesa.

¿Es muy costoso tener un agente literario?

No, porque él cobra un porcentaje en base a lo que yo cobro.

¿Los contratos en otros países son muy diferentes a los de acá?

Los tres libros que publiqué con El Cuenco de Plata los tradujeron en Francia. En Francia, los contratos son similares a los de acá y los derechos de autor en vez de ser del diez, que es una miseria, son del ocho, lo que es aún peor.

¿Por qué considerás que el escritor está tan precarizado a nivel económico?

El escritor es el último orejón del tarro porque es el que entrega su vida, su tiempo, su alma y su cabeza a este demonio que después se transforma en un objeto comerciado. Entre la distribución y las librerías se quedan con el mayor porcentaje de las ventas.

¿Cómo fue publicar en la editorial de la Universidad de La Plata?

Yo quería publicar poesía y conservar la libertad que te da publicar en una editorial grande y una más chica. Quería que fuera en la editorial de La Universidad de La Plata y conservar esa aspiración de llegar a lectores diferentes. Considero que se puede navegar en ambas aguas, grandes y pequeñas. La editora de Emecé, por ejemplo, se ocupa de lo que hago como si fuera una editorial independiente.

¿Alguna vez se entrometieron los editores que te publicaron con tu material?

No, nunca. Si me hacen una observación interesante la tomo, claro. No soy necia en ese sentido, pero en general tengo bastante claro lo que estoy escribiendo, porqué lo estoy escribiendo así y no de otra manera.

¿Te pusieron alguna condición para editarte?

No, jamás. En Entropía, por ejemplo, trabajé el cuerpo del libro y algunos cuentos quedaron afuera del libro por sugerencia de la editorial. Pero me pareció bien porque yo tenía dudas sobre esos cuentos. A cambio, puse otros que estaban más en la línea, en ese el territorio poético. Pero no era una condición, sino una negociación.

Si tuvieras que darle algún consejo a alguien que recién se inicia en el tema de publicar, ¿qué consejo le darías?

En principio, le diría que calme la ansiedad. El primer libro que escribí a los 21 años sigue inédito, y el primero que publiqué fue Muerta de hambre a los treinta y pico. Estuve trabajando en mi laboratorio, escribiendo mucho y sin mostrar por largo tiempo. No es tan importante mostrar, publicar, sino encontrar una voz potente y propia. Por eso no tuve ese temor al segundo libro que les pasa a muchos; sobre todo si con el primero tienen cierta repercusión, el segundo suele ser un fracaso (y está bien que así sea). Pienso que es mejor que los fracasos queden en casa; considero que no hay que publicar todo lo que uno escribe. Pienso que los tiempos de un libro no tienen nada que ver con los tiempos de la publicación, que es otra etapa en la que uno busca cómplices. Ahora hay muchos libros que se publican a los que les falta laburo. El libro se resiste, tironea, pelea, te expulsa. Creo que la facilidad que hay ahora para publicar también es una trampa.

Pienso que es un poco contradictorio el hecho de que, por un lado, hoy haya una facilidad mayor para publicar por la proliferación de editoriales independientes, pero al mismo tiempo existan tan pocos lectores. Entonces, ¿quiénes leen? ¿Los que escriben?

Sí, ese es el terror: ser un club de selectos imbéciles. Sí, hay una especie de promiscuidad con los reseñistas que también son escritores. Esto tiene que ver con que sobrevivís haciendo mil cosas. También hay una proliferación de talleres. Por otro lado, hay gente que llega a tu taller sin haberte leído en busca no sé de qué, y es raro.

¿Es condición que te hayan leído para ir a tu taller? 

No, no es condición, pero es extraño. Cuando hice teatro, busqué a mis maestros. Después de haber visto sus obras, haber leído entrevistas o de sentir que había un territorio que me interesaba, no me servía cualquiera porque, además, hay tantas formas de crear que yo buscaba aquellos que me conmovían.

¿Te parece que esto tiene que ver con que hay mucha gente que quiere escribir, pero no lee mucho?

Exactamente y ese es el problema. Me parece que uno primero es lector. Es como un músico que no escuche música.

¿Y con qué tendrá que ver?

Creo que tiene que ver con este mundo mercantilista y consumista en el que estás apurado en ser un producto.

Para vos, ¿el escritor es un producto?

A veces te invitan a ferias y tus libros no están. Y yo no tengo nada más interesante para decir que lo que escribí.

Tal vez, el escritor se ha vuelto como una figura de culto tal vez, no por lo que ha escrito, sino por su figura en sí. ¿Te parece que es así?

Sí. De hecho, hay muchos que son muy conocidos, pero muy poco leídos. Conocidos por sus notas, por sus caras, hasta por las redes.

De diferentes maneras, creo que esto ha sucedido siempre. Por ejemplo, pienso que Borges es un autor muy mentado y no tan leído. ¿Qué opinas?

Sí, tal cual. Creo que tiene que ver con una especie de aspiración a estatus de intelectual, con decir que uno sabe quién es o que ha leído a tal escritor. También hay un hambre de novedades medio ridículo.

En este contexto, ¿cuán difícil es publicar más de un libro?

Y, el primer libro es bastante fácil; el segundo no tanto; el tercero es más complicado; y el cuarto ni te cuento porque aquí los editores empiezan a ver los números y empiezan a apostar a otro a ver si con ese otro logran una ganancia superior.

¿Las librerías seleccionan con qué editoriales trabajan?

Según las editoriales, los materiales están en determinadas librerías y no en otras. Además, hay un exceso de publicación que no hay quien las lea, de novedades por mes salvaje.

¿Qué sentido tiene este sobre exceso de publicación?

No lo sé. Yo creo que tiene que ver con llenar como un supermercado de objetos. Tiene que ver con los objetos, con necesitar objetos.

¿Y quién gana?

Creo que la literatura pierde. Porque en cualquier editorial grande, la literatura es solo un 10%. Porque cualquier televisivo publica un librito y obtiene beneficios; un libro que ni siquiera ha escrito personalmente. Y te dicen que gracias a los otros libros podemos publicar literatura, pero es medio una trampa eso. Hay mucho fenómeno editorial y poco fenómeno literario.

¿Cómo se escapa de esto siendo escritora?

Creo que uno escapa de esto siendo fiel a uno mismo, al propio instinto como escritor, trabajando en el ámbito que te interesa precisamente en aquello que te pone en riesgo.


Entrevista publicada en La Pluma N°2 en diciembre de 2017.

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