25 julio, 2019

“Es necesario enfrentarse con la mirada de un editor”

Entrevista a Martín Sancia Kawamichi

Redacción por Redacción En Nota

Entrevista a Martín Sancia Kawamichi, autor de las novelas Hotaru y Shunga

Foto: Tomás Gigante

¿Cuál libro fue el primero que escribiste y cuál fue el primero que publicaste?

El primer libro que escribí es una novela para adultos que se llama El cuerpo, era muy larga.

¿De cuántas páginas?

De 600 páginas más o menos. No hice nada para publicarla y quedó ahí. Hasta ahora no la moví.

¿Por qué?

Me parecía que era la primera novela y que formaba parte de un aprendizaje. A veces me parece que podría darle una oportunidad. Pero lo que yo quería con esa novela era demostrarme que podía escribir novelas, que era mi gran ambición. Pensaba que una novela es lo máximo que un escritor puede dar. Ahora no estoy tan convencido de eso, pero necesitaba probarme escribiendo una. Después de esa novela escribí otra más. También muy larga, de unas 800 páginas, que tampoco moví ni hice demasiado. Pero no porque me pareciera que estaba mal, sino porque si me comía un rechazo me iba a desanimar. Me daba miedo que me rechazaran. Tampoco podía mostrarla porque no tenía plata para imprimir las ochocientas páginas y hacer copias o llevarla a concursos. Intenté mandarla a un concurso en España, pero me salía un fangote de guita enviar las tres copias por correo, y por el formato que te pedían en los concursos, de ochocientas páginas se hacían como mil.

Por el interlineado doble.

¡Claro! Ni siquiera entraban las 3 copias en el sobre. Tenía que mandarla en una caja. Y me desanimó eso y la guita que tenía que invertir. Lo que hice fue enviarla al Premio Clarín. Pero se me ocurrió que podía enviar sólo la primera mitad de la novela. Dije: “Bueno, que la novela termine acá”. Me pareció que ése podía ser un final y le puse “Continuará”. ¡Cómo voy a enviar una novela que diga continuará! Pero bueno, hice eso. Yo pensaba en Los 7 locos de Roberto Arlt, que no termina, dice “Continurá”, y ganó el Pemio Municipal. Lo gracioso es que él envió la novela terminada, y yo había enviado sólo la mitad. Cuando no gané el premio, me desanimé y nunca más hice nada.

¿Y cómo hiciste para publicar por primera vez?

Un día se me corta la luz en mi casa. Era un fin de semana largo que no tenía nada para hacer. Tenía que estar todo el fin de semana en mi casa y como tenía ganas de escribir, me dije: “Algo tengo que hacer, algo tengo que escribir. Voy a escribir cuentos muy breves. Si lo hago a mano no me voy a cansar”. Y empecé a escribir cuentos de animales. Terminé escribiendo un montón de cuentos, uno atrás de otro. Mi idea era que fueran para adultos. En esa época yo hacía el profesorado y se lo mostré a una profesora que aseguró que en realidad eran cuentos infantiles. Una amiga mía los llevó a Sudamericana y los dejó en la puerta. Y a los cuatro o cinco meses me llamaron y me dijeron que tenían interés en publicarlo.

¿Sin haber publicado nada antes? Porque ellos no publican autores noveles.

Me dijeron que esa vez iban a hacer una excepción, que tenían dos autores que habían decidido publicar aunque sean inéditos. El otro autor era Juan José Grimilda. Quedé muy agradecido con ellos.

¿Bajo qué título se publicó el libro?

Breves historias de animales sabrosos, engreídos, enamorados, malditos, venenosos, enlatados, tristes, cobardes, crueles, espinosos… (y otras historias).

¿Y después que pasó?

Bueno, después vinieron cuatro o cinco años en que no publiqué nada. Yo pensaba que ese libro de Sudamericana me iba a abrir un montón de puertas, que iba a llegar a Hollywood gracias a ese libro, así que me senté a esperar que algo pasara y no pasó nada. Pensé que como había publicado en Sudamericana ya no daba que yo fuera a las editoriales. Quería que me llamen. Y como a los cuatro años empecé a pensar que posiblemente no me iban a llamar más (risas).

Pero en ese lapso seguiste escribiendo.

Sí, mucho. Escribí una novela larguísima para chicos. Que también está inédita. Escribí novelas para adultos. Sí, escribí muchísimos cuentos en esa etapa, que ahora estoy empezando a editar y van a empezar a circular. Hacia fines de 2013, cuando cumplí cuarenta años, me decidí por fin a empezar a enviar a concursos, que era algo que yo no hacía.

¿Por la experiencia con Clarín, o por qué?

Porque me parecía que no podía ganar. Me parecía que lo mío no tenía chances. Casi el noventa por ciento de las cosas que leía de otra gente me parecían mejores que las mías. Pero en ese momento me dije “Voy a confiar en el poco criterio de los jurados” (risas). En realidad había entrado en una profunda crisis con el tema de la escritura, y con mi vida también. Decidí empezar a enviar a los concursos por insistencia de Andrea, mi mujer, que me vio muy mal y me recomendó empezar a participar de los concursos. Yo tenía una novela escrita, que se llama Hotaru. Pero quería participar en un concurso de novela negra con otra novela, que no llegaba a terminar. Entonces le dije a mi mujer: “Otro fracaso más, no puedo terminar la novela, no voy a poder participar”. Y ella me preguntó: “¿Por qué no enviás Hotaru, que puede pasar por una novela negra?”. “Solamente a vos se te ocurre que puede ser una novela negra”, le respondí. Pero ella me dio a entender que tampoco tenía demasiadas opciones, y se encargó de sacarle fotocopias y la hizo anillar. Envié esa novela al concurso de novela negra y después envié otra novela a un concurso de literatura infantil. A los pocos meses me enteré que la novela infantil había salido segunda. El premio era dinero y la publicación con Sigmar. La novela se llamaba Los poseídos de luna picante. El día que me entregan el premio en el stand de Sigmar de la Feria del Libro, me llaman y avisan que también había ganado el Premio Buenos Aires Negra con Hotaru, que era un premio que organizaba la editorial Extremo Negro. Ese otro premio me permitió tener un poco de prensa, un dinero que me permitió mudarme y empezar a pensar en seguir enviando obras a las editoriales.

¿Y Shunga?

Shunga surgió por Damián Vives. Me habían invitado a leer en “La noche de las librerías”, y leí el cuento: Este pálido mundo mío, y le gustó tanto a Damián que me pidió que le enviara más, que me quería editar. Para mí él es uno de los tipos más inteligentes que conozco. Lo respeto demasiado, así que no me animé a enviarle nada. Pasaron tres meses y me lo encuentro en un evento. Él es muy grandote, y sin saludarme ni nada, se para enfrente mío y me dice: “¿Y?”. No sabía qué contestarle y me salió “No te envié nada porque me tomé todo este tiempo para terminar una novela”. Era mentira. No le había enviado nada porque no me animaba. “Y bueno, mandámela” me insistió. Y le envié Shunga. Inmediatamente me dijo que la quería publicar. Shunga encontró editor a los veinte días de terminada.

¿Y en el medio de eso ganaste otro premio, no?

Sí, con Sigmar. Por una novela infantil titulada Todas las sombras son mías. Es una novela de terror que escribí como si estuviera poseído, durante una semana, porque se me vencía el plazo para presentarme al concurso. Le tenía confianza desde el primer capítulo. Si uno no se tiene confianza es imposible escribir algo. La desconfianza viene después, cuando terminaste de escribir. Mientras escribís necesitás estar convencido de que lo que estás haciendo está bueno, sino es difícil escribir. No conviene ser muy crítico en ese momento. Por eso disfruto mucho de la escritura. Es uno de los pocos momentos en que confío en mí mismo.

¿Qué podés contarnos de tu experiencia con las editoriales? Porque publicaste con varias.

Publiqué en Sudamericana, Sigmar, Extremo Negro y Evaristo. Pero es muy difícil comparar por lo siguiente: Una cosa es cuando vos entregás una novela a una editorial y te la editan, y otra cosa es cuando te la editan porque la novela ganó un premio. En el último caso no podés cambiar nada. La novela sale como la votó el jurado. En el primer caso, en Sigmar, por ejemplo, la editora Silvia Portorrico me marcó un vicio que yo tenía al escribir, y que me sirvió para todos mis futuros libros. En Sudamericana yo había entregado unos 200 cuentos de los que ellos eligieron ochenta.

¿Pensás que se puede vivir de la escritura en Argentina?

La pregunta que yo haría es: ¿Por qué en argentina no se puede vivir de la escritura de libros y sí se puede vivir de la edición y la venta de libros? Eso es raro. Está la idea de que un escritor no se merece ganar plata, que el escritor no lo busca. Un escritor con plata resulta ser un oxímoron. Yo creo que antes, escribir estaba destinado a una elite, y ahora no. La mayoría de los escritores que yo conozco no son de una elite.

Pero en otros países donde también era así, que sólo escribían los que pertenecían a una elite, se fue generando una estructura que hoy permite a los escritores vivir de lo que escriben, y acá no. ¿Qué pensás de eso?

Yo creo que el medio debería sincerarse. Por ejemplo: todos los autores estamos convencidos de que las editoriales no ganan plata con nosotros, que nos editan para perder plata.

¿Realmente es así? No sé si los escritores piensan que las editoriales pierden plata con ellos.

Bueno, yo sí lo pensaba. Y ahora me permito ponerlo en duda. Quizá sí ganan y yo soy el que no se da cuenta. A mí me parece que es un tema del que tiene que empezar a hablarse porque lo seguro es que un escritor no gana. Firmamos contratos donde, por lo general, no se nos paga ningún adelanto, y cuando queremos cobrar regalías, el editor nos dice que las librerías no le pasan la rendición de las ventas, y terminamos pidiéndole explicaciones al director del zoológico de por qué estamos acá. Es todo un proceso que no está al alcance de nosotros controlar.

¿Y por qué creés que sucede eso?

Y bueno, porque la mayoría de los escritores tenemos otro laburo y no tenemos tiempo de controlar todo eso. También porque tenemos miedo de que, si empezamos con ese tipo de preguntas al editor, no nos quiera editar.

¿Está la sensación de que si digo algo en contra de una editorial nunca más publico?

Sí, puede ser que haya miedo. Lo que pasa es que ahora hay muchas editoriales, hay independientes, autogestivas, y por otro lado hay un montón de gente que está convencida de que tiene que pagar para poder publicar, que no hay otra manera. En mi caso, la mayoría de la gente que conocí antes de empezar a publicar, se había pagado su primera publicación. Entonces cuando alguien me dice: “Mirá, te quiero publicar, y no vas a tener que poner un mango”, yo lo veo como una bendición. Ni se me ocurre pedirle un adelanto.

¿Alguna vez tuviste motivos para sospechar que un editorial te rendía menos libros de los que vendía en realidad? No hace falta que la menciones.

Con una editorial me pasó que no me rindieron las ventas por tres años, y cuando me las rindieron, me pasaron un saldo negativo.

¿Cómo un saldo negativo?

Sí, las librerías les habían devuelto 128 libros. No habían vendido ninguno.

¿En tres años no vendieron nada?

Claro. Como no me liquidaban yo les había preguntado “¿qué pasa que no me liquidan?” Y me respondieron eso: “-128 libros”

¿Pero te los dieron a los libros? ¿O qué hicieron?

¡No sé, que sé yo! Me pasaron una liquidación que decía “-128” y al lado indicaba “Devoluciones”. Entonces yo le escribí a la editorial y les insistí: “¿Qué significa devoluciones?”. Y me responden: “Devoluciones”. Y yo ahí me conformé (se ríe). Son cosas muy raras, verdaderamente.

Qué manoseo tremendo, ¿no?

Sí. Yo he llegado a cobrar $38 de regalías por derechos de autor.

¿Pensás que habrá forma de modificar eso algún día?

Yo creo que sí. Fijate cómo es en Bolivia, por ejemplo: Yo voy a editar 2 libros allá, en Santa Cruz, y me invitan a viajar por tres días. Me pagan el pasaje, el hotel 5 estrellas y me pagan también un adelanto que equivale a las regalías por el total de la edición. Me van a editar un libro juvenil, Anchoa, y Cosquillas en la oscuridad, que es un libro de cuentos policiales.

Y eso es acá nomás, en Bolivia.

Sí, el trato que me dieron es espectacular. Y estoy hablando de una editorial chica, independiente, llevada adelante por un escritor de allá y su mujer, con una estructura limitada. Y lo genial, es que en ningún momento ellos ponen en duda que el libro se va a vender o que van tener que hacer más ediciones. Me dijeron: “El libro sale y hasta a fin de año vamos a ir vendiendo toda la primera edición. Cuando vos vengas de nuevo posiblemente la primera edición ya esté agotada”. Te hablan así. No es una locura para ellos. Los editores de acá, en cambio, te dicen: “Vamos a ver, nosotros asumimos todo el riesgo, pero te vamos a editar”. Te hablan como si se estuvieran por cortar una pierna para dártela a vos, como si se fueran a inmolar por vos.

¿Qué pensás que debería pasar para que cambie el panorama acá?

En primer lugar, los escritores tenemos que asumir que tenemos que ganar dinero con la venta de nuestros libros. Recién ahora nos estamos dando cuenta que editar libros es un negocio y que alguien gana dinero con eso.

Como última pregunta, y teniendo en cuenta que esta entrevista va ser leída por gente que quizá tiene una novela terminada, un libro de cuentos o incluso un poemario, pero que no saben nada del mundo editorial: ¿Qué le recomendarías hacer? ¿Cuál es para vos el siguiente paso?

Yo no te podría decir qué hacer con un poemario. Las grandes editoriales no editan poesía. Es una pena. Yo leo mucha poesía. Quizá en poesía se dé mucho más hacer un libro artesanal. Hay autoediciones que son muy lindas, de buenos poetas, y que circulan más allá de los libreros. La poesía tiene mil maneras de circular. Hay poetas que tienen libros bellísimos, hermosos, que fueron auto publicados. Y en el caso de la narrativa, yo les recomendaría las cosas que no hay que hacer, porque yo ya sé que no funcionan. No publicaría mis textos en una editorial de esas que te cobran un dineral. Pero no porque te cobren, sino porque te prometen cosas que después no cumplen. Te prometen que tu libro va a circular y después no circula. Firmar ejemplares en la Feria del Libro no significa nada, no tiene la más mínima trascendencia. Y no está bueno ir para firmarle libros a familiares y amigos. Sí es sano, en esa situación, sentirse un pelotudo. Que te llamen y digas “Acá estoy en la Feria del Libro firmándole el libro a mi mamá”. Y que pienses “¡Qué extraña forma de ser boludo que elegí!”. Además, si una editorial te dice que te cobra aparte por corregir; eso no es serio. Quiere decir que publican cosas sin corregir, que les da lo mismo publicar corregido que sin corregir. No caigan en poner plata para publicar. Es necesario enfrentarse con la mirada de un editor, alguien que te discuta la obra. A menos que vos pienses que tu obra es tan genial que no merece ser discutida, que tiene que publicarse así. En ese caso, allá vos. Pero está bueno discutir, tener otra mirada. A veces un editor no te modifica nada, pero discutís igual, porque hay cosas que él quiere saber sobre la historia o los personajes. Está bueno caer en manos de un editor que lee mucho también. Yo creo que uno tiene que admirar al editor. Trabajo con editores que leyeron mucho más que yo, que me dan vuelta, que si me cuestionan algo, termino entendiendo por qué lo hacen.

¿Otro consejo?

Leer mucho. No apurarse a publicar. No buscar gente que te diga que tu novela está bien. El que te dice que está todo bien es porque, o no la leyó, o no le interesa demasiado. Todos los autores tienen algo para cuestionar.

¿Y en el caso de que pienses que llegó el momento de enviar tu novela a un editor, hay algún consejo en particular?

Primero hay que preguntar si están recibiendo textos. Y cuando envíes tu obra, que esté bien presentada y anillada. Si es una novela, que lleve también un resumen. ¡Ah! Y una buena carta de presentación. No apurarse a publicar no quiere decir esperar a que las cosas se den por si solas. A nadie le importa un carajo que vos publiques tu libro. En determinado momento vas a tener que hacer algo vos. Llevarlo a las editoriales es un ejemplo. También hay que participar en concursos. Y saber, que la mayoría de los autores se han comido muchísimos rechazos.


Martín Sancia Kawamichi publicó las novelas Hotaru (que recibió el Premio Buenos Aires Negra de Editorial Extremo Negro) y Shunga, publicada por Evaristo, 2017. También es autor de varios libros para jóvenes y niños.


Entrevista publicada en La Pluma N°2 en diciembre de 2017.

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