22 julio, 2019

¿De qué hablamos cuando hablamos de crowdfunding?

Maria Eugenia Riccheri por Maria Eugenia Riccheri En Nota

Su traducción literal, poco agraciada, es micromecenazgo. Para simplificar este concepto ajeno a nosotros, podríamos compararlo con los comienzos de la producción artística, pero mucho más democratizado. A través de plataformas especializadas, una persona difunde su proyecto y busca recaudar fondos para llevarlo a cabo. Casi siempre, se ofrecen recompensas y/o acceso al producto final a quienes invirtieron. Gracias a los avances tecnológicos, internet y las redes sociales, estos nuevos espacios se encuentran en continuo crecimiento.

Aunque parezca una novedad, el micromecenazgo puede rastrearse a lo largo de la historia. En el año 1884, el Comité Americano para la Estatua de la Libertad se había quedado sin fondos para la construcción del pedestal de la estatua. Fue entonces que el editor Joseph Pulitzer ideó una alternativa inteligente: a través de su periódico New York World, instó a sus lectores a realizar donaciones para finalizar la construcción. En seis meses, logró recaudar aproximadamente $100 000 dólares. Trasladándonos al siglo XX, la banda británica Marillion fue la primera en aplicar este financiamiento colectivo para terminar la grabación de uno de sus discos. En contra de sus expectativas, lograron recaudar mucho más dinero del pensado. Pero no fue sino hasta el año 2008 que la web Kickstarter —plataforma pionera de los proyectos de financiación colectiva— bautizó esta modalidad como crowdfunding.

Ya sabemos de qué se trata, pero ¿cómo funciona? Esto dependerá de cada plataforma. Pero en líneas generales, los mismos usuarios suelen decidir qué ideas se materializarán y cuáles no. Si bien deben cumplirse determinados requerimientos relacionados al tipo de proyecto, la web solo funciona como mediadora entre los promotores y sus potenciales financistas. Existen diferentes tipos de participación: donaciones, recompensas, acciones, préstamos y royalties. En Latinoamérica, las webs más conocidas suelen acordar recompensas y/o royalties, vendiendo sus productos por adelantado y ofreciendo reconocimientos posteriores al lanzamiento y materialización del proyecto. Esta nueva modalidad impactó en muchas industrias y permitió el desarrollo de ideas creativas e ingeniosas en todo el mundo, como Oculus Rift, el Museo de Tesla, y dos inventos de origen argentino, Curvilux y Blue Smart.

Ante este panorama, era cuestión de tiempo que el crowdfunding impactara sobre el mercado editorial. Aunque se trata de una modalidad incipiente en este lado del continente, Latinoamérica ya cuenta con su participación en varias plataformas reconocidas mundialmente: Kickstarter, Indiegogo, Idea.me y Lanzanos, entre otras. En nuestro país, la plataforma Idea.me es la más importante a la hora de buscar difusión de proyectos editoriales. No solo nos permite hacer transacciones en nuestra moneda local, sino que podemos aplicar filtros por país. Varias editoriales emergentes la eligieron para promocionarse:

Editorial Invisible

Un proyecto hermoso y ambicioso que reeditó el clásico El principito con la participación de un gran número de ilustradores. La convocatoria fue un éxito y lograron una recaudación que superó con creces el objetivo inicial. En este caso, además de vender los ejemplares por adelantado, también se incluyó a cada uno de los inversores en los agradecimientos.

El Gato y la Caja

Aunque no se trata estrictamente de una editorial, este proyecto de ciencia pop fue acogido con gran entusiasmo por todos los curiosos desperdigados en las redes sociales. Luego de acunar una gran popularidad, en el 2015 lanzaron la convocatoria de financiamiento para su primer anuario de artículos. De más está decir que lograron una recaudación excelente: el doble de lo pautado. A este inicio triunfal, le siguieron las publicaciones de un nuevo anuario y Un libro sobre drogas, editado este año.

Editorial Rosa Iceberg

Quizás el ejemplo más importante de este pequeño conteo. La editorial Rosa Iceberg fue un proyecto que se inició gracias al éxito en la plataforma, obteniendo un 30% más de lo necesario para comenzar sus actividades editoriales. Con dos novelas en su haber, tiene un futuro bastante prometedor.

Es cierto que todo tiene su lado oscuro y los riesgos en esta modalidad de negocios pueden ser elevados; es posible que no se reciba lo esperado o que el proyecto ni siquiera salga a la luz. Sin embargo, para el sector editorial, esta alternativa representa una posibilidad concreta para todos aquellos proyectos que no encajen dentro de los patrones convencionales de requerimientos monetarios. Tenemos ante nosotros otra opción para poner en marcha nuevos espacios de producción y de debate; para darle espacio a nuevas voces y continuar alimentando la tan necesaria bibliodiversidad. Por eso creemos que, a veces, es necesario dar un salto de fe.


Nota publicada en La Pluma N°2 en diciembre de 2017.

Deja un comentario