14 septiembre, 2019

Recordando a Gabo

Luis Pabon por Luis Pabon En Crónica

Ilustración: por Luisa Rivera (de la edición ilustrada de “Cien años de soledad” de Random House)

La obra de Gabriel García Márquez (Gabo), no solo ha marcado las nuevas generaciones de escritores del Magdalena, sino del mundo en general, la traducción de su obra literaria a más de treinta y cinco idiomas da fe de lo importante que es su legado. Cada vez que se habla de las figuras más representativas de la escritura es imposible no nombrarlo y menos aún no poner sobre el tapete su obra cumbre “Cien años de soledad”.

Cuando nací solo habían pasado dos años del otorgamiento del nobel de literatura y supongo que de eso se habló durante los años que siguieron.  Cada vez que el profesor de español se paraba frente al tablero a hablar de Gabo y en las reuniones literarias con los contados amigos con ese gusto afín, era inevitable no dar gracias porque él había logrado que los ojos del mundo se posaran en nuestro país y más específicamente en nuestro departamento olvidado y arrasado por la violencia. Pero bien dice una frase conocida: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad” y creo que eso debe ser el pensamiento de todas las generaciones nuevas de escritores del Caribe colombiano. No solo poseemos una de las figuras más importantes de la literatura latinoamericana, sino que tenemos el deber de mantener e inmortalizar su legado.

Una escritura que poco tiene de inspiración divina o de influencia de la tan mencionada Musa. Gabo fue un arquitecto de la palabra, un artista que supo, paso a paso, construir un mundo mágico de lo real. Encontró la forma exacta de trascender en el tiempo y eso no fue solo por azar, sino por dedicación y entrega. En su escritura logró romper con la linealidad del tiempo y concebir una obra que trasciende la temporalidad. Su empeño en hacer de sus personajes de ficción una representación de lo real convirtió su obra en una crítica social en contra del abuso del poder y el abandono de los gobernantes al pueblo, y a su vez nos deja desnudos ante nuestras propias miserias y complejos.

Para todos los que crecimos en el Caribe colombiano la obra de Gabo tiene más de realidad que de magia, porque son nuestras calles de polvo, nuestras casas de tablas, nuestras rezanderas, toda esa riqueza tradicional heredada de los descendientes Afros, los mitos indígenas y las costumbres españolas; esa mezcla que corre por nuestra sangre y se proyecta en nuestra idiosincrasia es la misma que se encuentra en cada página de Cien años de soledad. De ahí que los escritores de este espacio geográfico llevamos no solo por legado literario la misma realidad, sino por experiencia de vida.

La obra de Gabo logró más que crear una nueva literatura en el Magdalena, creo que pudo de forma acertada apropiarse y mostrar el Caribe colombiano a través de ella al mundo. Si bien somos sus herederos y poseedores de un legado sin igual, también es cierto que cargamos sobre nuestra espalda un gigante que demanda entrega y esfuerzo. Santa Marta, el Magdalena y el Caribe colombiano en general es una cuna de escritores por tradición y herencia, no solo escribimos la literatura que representa al país, sino, la música que reconoce nuestro folclor y lo muestra al mundo.

Toda esa riqueza cultural sigue igual que en los tiempos de Gabo, sumida en el abandono y abusada por los que tienen el poder. Abuso que nos sigue enviando fuera del país en busca de las oportunidades que nos son negadas. La historia se repite, es cíclica como la temporalidad de la escritura de nuestro laureado prócer literario, quien exiliado escribió la novela que hoy proclamamos nuestra, y es que poco o nada se habla en Colombia de que Cien años de soledad fue escrita en México y publicada en Argentina por primera vez, ni de los sacrificios y penurias que pasó el escritor para poder dejarnos este legado.

Si me preguntan si hay potenciales escritores en el Caribe colombiano, mi respuesta inmediata siempre será “sí”. Al levantar una piedra de seguro ahí encontrarán a alguien que escribe. Si caminan por la playa allí estarán los escritores. Si van a los colegios públicos de mi amada “Perla del Caribe” encontrarán niños con el sueño de ser el próximo nobel de literatura, pero son pocas las fundaciones u organismos que promueven esta causa. Resalto en esta oportunidad la labor que realiza la Fundación Huellas Caribeñas desde hace años y a la cual le debo gran parte del impulso a seguir con este sueño de escritor.

¿Que si hay potenciales escritores en el Magdalena? Mi respuesta será sin duda que seguiremos mostrando al mundo el realismo mágico que Gabo dio a conocer, que la labor es titánica, pero encontraremos la forma de continuar diciendo que “En este continente de la América latina hay un país que no es de tierra, sino de agua, que es el Caribe” y que los habitantes de esta región podemos transformar nuestra realidad en magia.

Luis Pabón
Santa Marta, Colombia
Residente en Buenos Aires, Argentina

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