Violencia de género: De eso se escribe

 

Bienvenida a La Pluma en el Blanco


 

El antiguo PEN Club Argentino renació en noviembre del 2014 en calidad de Centro PEN Argentina, filial de PEN Internacional, con sede en Londres.

Al definir nuestra agenda nos pareció importante editar un periódico que, más allá de las comunicaciones urgentes y puntuales que encaramos cuando surge la necesidad, abordara de forma más profunda y reflexiva nuestra preocupación permanente y global por la libertad y responsabilidad de la palabra.

 

El 3 de junio de 2015, meses antes de empezar a armar esta revista, los primeros miembros del Centro PEN (aún sin sede) participamos en la gran marcha en Buenos Aires de #NiUnaMenos, megaevento que tuvo como antecedente un microevento de origen literario: la maratón de lectura en la plaza vecina al Museo del Libro y de la Lengua, anexo de la Biblioteca Nacional.

De hecho, la consigna #NiUnaMenos es de origen literario, si bien su hashtag señala su relación directa con las redes sociales. El reclamo ¨Ni una mujer menos, ni una muerta más¨ surge de un poema – escrito en 1995 en alusión a las mujeres desaparecidas en Ciudad Juárez – por la mexicana Susana Chávez quien a su vez fue asesinada en 2011.

No existen palabras, ni siquiera las del Código Penal, que tengan la capacidad de impedir esa violencia; pero aun si la poesía, parafraseando a Auden, no tiene efectos prácticos sobre la realidad (“makes nothing happen”), en este caso dio la clave, por lo menos, a un grupo de escritoras, en la mayoría periodistas, cuya convocatoria, impulsada por el asesinato de una chica de 14 años en la provincia de Santa Fe, se viralizó en pocas semanas.

Ya a partir de 2010, mujeres de diversas organizaciones literarias, primero en Chile y, hasta ahora, en siete otros países de la América Hispánica han respondido generando ¡Basta! cien mujeres contra la violencia de género, colecciones locales de microrrelatos, un formato literario que nos interesa particularmente y al que suscribe gran número de los miembros de PEN Argentina, entre otros Luisa Valenzuela, nuestra actual presidenta.

Lo lúdico de la microficción, su ironía y humor satírico (tan lucidamente definido en este número por Raúl Brasca), irreverente sólo en apariencia, resulta un arma eficaz para denunciar las formas brutales de violencia que aparecen a diario en los medios – el asesinato o la mutilación de mujeres y miembros de minorías sexuales.

Así lo demuestra la antología internacional de ¡Basta! que, con la gravedad que corresponde, Sandra Bianchi ha compilado para este primer número de La Pluma en el Blanco.

Por su contundencia y precisión literaria, estamos abocados a promover el microrrelato, al punto de haber obtenido un subsidio de la Agencia de Cooperación Sueca por el Desarrollo Internacional para llevar las valiosas herramientas de la microficción a jóvenes residentes de barrios de emergencia porteños, proyecto que acaba de ser lanzado y del que daremos cuenta detallada en el próximo número.

El Centro PEN Argentina además se propone crear una biblioteca y centro de información acerca de este género literario, y brega por la distribución popular que estos gérmenes de historias más allá de librerías locales y kioscos, inundando paredes y estaciones de subte: una pausa para la reflexión, un puerta abierta a la fantasía.

 

Nuestra breve antología viene acompañada por artículos que nos brindan diversos análisis y perspectivas históricas sobre el tema propuesto: la violencia de género.

– Aline Davidoff, ex-presidente del Centro PEN México, nos dibuja un perfil de Jennifer Clement, escritora méxico-estadounidense, primera mujer a asumir (recientemente) la presidencia de PEN Internacional, autora de Ladydi (Prayer for the Stolen en el original), novela sobre los infortunios y las tretas de Laidydi García Martínez, una niña de once años acosada por los narcodelincuentes en el estado de Guerrero, México.

– Marcela Crespo entrevista a María Rosa Lojo, autora multifacética, que relaciona formas contemporáneas de violencia con antecedentes en los relatos argentinos canónicos de cautiverio.

– Ana Guillot analiza un cuento de Clarice Lispector y la inesperada rivalidad entre muchachas que debe transitar el “yo” narrador antes de alcanzar la “felicidad clandestina”.

– Agustina Bazterrica entrevista a su colega Selva Almada sobre su traspaso a la prosa de no ficción para narrar los crímenes, todavía impunes, cometidos contra tres Chicas muertas.

 

Como las ondas de una botella arrojada al agua, en cada número de la revista los círculos concéntricos de nuestro Blanco se irán expandiendo hacia el exterior, en particular en apoyo a colegas de aquellas regiones de América Latina donde la libertad de expresión, y hasta las vidas, se ven bajo amenaza.

Al respecto, consideramos primordial la carta que nos ha hecho llegar, especialmente para este primer número, la destacada periodista Dina Meza, fundadora del nuevo Centro PEN en su Honduras natal, país que se ha vuelto particularmente ominoso para los miembros de su profesión.

El segundo número de La Pluma en el Blanco informará sobre nuestro proyecto de talleres de microrrelatos, presentará nueva microficción argentina e internacional, no olvidará los aniversarios de las muertes de Cervantes y Shakespeare, e informará – deuda pendiente – acerca de temas e instituciones literarias nacionales (por ejemplo, la urgente reforma de los derechos y beneficios de traductores argentinos como creadores literarios).

 

Saludos y hasta el próximo número de La Pluma en el Blanco,

David Jacobson