Presentación de antología internacional ¡Basta!

Basta

Una red global para gritar ¡BASTA!

Por Sandra Bianchi (Buenos Aires, Argentina)


Hay antologías ¡Basta! recorriendo este mundo nuestro de cada día. Son antologías de Chile, México, Bolivia,  Perú, Venezuela, Colombia, Estados Unidos y Argentina. Y las hay de otros países, en gestación. Un mapa de ¡Basta! para decirle NO, cien veces NO (así, en mayúscula altisonante) a la violencia contra la mujer.

Porque el título completo de estas antologías nacionales–universales es ¡Basta! Cien mujeres contra la violencia de género, surgidas por la maravillosa iniciativa de un grupo de escritoras chilenas. Ellas son Pía Barros,  Gabriela Aguilera V., Patricia Hidalgo, Susana Sánchez, Ana Crivelli y Silvia Guajardo.

Las “asterionas”, hacedoras multifacéticas de la editorial Asterión, fueron las ideólogas que publicaron no solo el primero de los libros de esta serie sino también, pasaron la posta de ¡Basta! a los colegas de los mencionados países. Compartieron su  objetivo “nos planteamos la necesidad de enfrentar las diversas formas de la violencia desde la creati­vidad. Desde la escritura.”, tal como declaran en el prólogo. De esta manera, simbólica de algún modo,  legaron la tarea y el compromiso en pronunciarse literaria y activamente a favor de esta causa, que se ha convertido en un triste flagelo, global y actualizado. De otra manera, administrativa de algún modo, encomendaron  la realización de estas nobles publicaciones mediante un protocolo, que establece ídem metodologías de trabajo y propósitos. Entre las recomendaciones, por ejemplo, es requisito que estas antologías no tengan fines de lucro.

En verdad, más que una antología multiplicada, se trata de un proyecto en red. Un proyecto literario y vital. Y solidario. Y militante.

La expresión artística en general, la escritura y la lectura en el caso que nos ocupa,  habilita el encuentro de subjetividades, la de las creadoras y sus destinatarios y destinatarias, permitiendo poderosos insights. Tanto más, o más orientados,  parecen producirse con este florilegium que tematiza un mal tan cotidiano, tan vigente, tan cercano. Todas, todos, hemos padecido esta violencia en alguna de sus formas… las hay invisibles y silenciosas, y por esa misma razón, son naturalizadas (como ejemplo, el mal trato verbal, que puede pasar desapercibido como tal). O las hay de mayor  visibilidad e impacto,  padecida (ya no por todas, pero todas tenemos un caso cercano, sin dudas) por gran cantidad de mujeres, en la forma atroz de golpes y ensañamientos variados. Este diverso y lamentable mosaico se refleja en estos volúmenes.

Como antólogos, tenemos devoluciones, comentarios, y anécdotas de toda estirpe, tan duras como tiernas,  de quienes se animan a leer ¡Basta!, y también de quienes se animaron a escribir. Afloran las vivencias, los homenajes, los exorcismos, el túnel del tiempo personal o la actualidad individual o social más descarnada, que laten o que estaban dormidos en algún lugar de la memoria.

En la experiencia argentina, desde la publicación de la antología en 2013 hemos realizado, y seguimos adelante con la tarea de presentación del libro en eventos grandes o pequeños, en distintas ciudades y localidades de nuestro país. Todo es útil para promover el ¡Basta! local, dar a conocer el proyecto global y suscitar un estado de conciencia mediante la literatura.

Son libros con cien textos breves que cuentan historias de vida o de ficción, dolorosas y repudiables. Son libros en los que hay que disponer no solo la mente sino también el cuerpo para poder leer. Hay que respirar hondo antes y después de la lectura de cada texto para alejar a los fantasmas y a los demonios que producen la identificación y la empatía. Hay que respirar hondo y dejar que la literatura,  en estas  dosis mínimas, convoque y conjure.


Basta en red

He aquí una muestra de esta red de microficciones  en contra de la violencia contra la mujer. Las responsables de cada país han enviado una selección de cinco textos según diversos criterios en los que se entrama, se hace eco o espejo, la violencia en sus variados marcos: la explícita y simbólica,  la de género, la del lenguaje, la de las grandes urbes o los pueblos chicos y sus conflictos, la de usos y costumbres locales, la social, de clase, la cotidiana, la laboral, la patriarcal, la de Estado, la económica y un sinfín de matices que la reflejan. Algunos de los criterios también se relacionan con motivaciones literarias, la calidad de los textos o la inclusión de autoras poco conocidas en el ámbito de la escritura breve.

Son destacables algunos datos de edición, por ejemplo, ¡Basta! Chile lleva cinco ediciones y una sexta bilingüe. En México, se reimprimó tras agotarse rápidamente su primera edición de mil ejemplares, y más allá de los números, en todos los países la recepción es estimulante, entusiasta y fértil.


CHILE

¡Basta! 100 mujeres contra la violencia de género. Pía Barros, Gabriela Aguilera V., Susana Sánchez, Ana Crivelli, Silvia Guajardo y Patricia Hidalgo. Ediciones Asterión. Santiago de Chile: Colección La Luna de Venegas, 5° edición y 2° edición bilingüe. ISBN 978-956-7281-63-3.


Estados

Cinco mujeres, en el vestidor de la piscina municipal, constatan que todas tienen cicatri­ces en sus cuerpos.
-Mi padre- dice la del vientre quemado- por demorar con el agua para el té.
Nadie dijo nada.
La del pecho mutilado agrega:
– Marido maltratador. Libre.
Avergonzada, la del meñique faltante, cuen­ta:
-Hijo drogadicto, vive conmigo.
-Mi supervisor me partió la rodilla con un fierro por sumarme a la huelga de la fábrica. Ni siquiera lo encarcelaron- agrega la de la pierna tiesa.
La última se gira y muestra la espalda que­mada del cuello a los tobillos, en un patrón de rayas:
-Ejército de Chile- dice. Parrilla eléctrica, cin­co años presa, golpeada y violada. Ellos siguen donde mismo.
Susana Sánchez Bravo, Narradora, ha publicado “Espacios Condenados”, “Secretos Menores y Non Tanto”, “Ojo de Medusa”, “El Círculo de las Bacantes” e “Indeleble”.

 

Desayuno

Encerrada en el baño, mira el resultado del test pack y sabe que esa imagen romperá el si­lencio de aquella casona antigua de Santiago Poniente.
Gira la manilla y escucha sus pasos al avanzar sobre las baldosas blancas y negras, por el largo pasillo hasta el comedor. Se detiene frente a sus padres que la esperan para desayunar y dice con voz fuerte y clara: veamos si ahora podrás ser buen padre, papá.
Karen Bascuñán. Sicóloga, narradora. Sus cuentos han aparecido en diversas antologías.

 

La cara de Dios

El profesor ha dicho hoy que Dios está en todas partes, en el cielo, la tierra y en todo lugar. Suena por fin la campana, hace frío y son más de cien escalones los del cerro para llegar a Lota Alto. De pronto lo veo, allí está el pan sucio, totalmente embarrado, no lo puedo salvar, entonces, corro despavorida, las nubes gimen furiosas, llego a casa y Dios enojado me mira desde el techo, mientras la lluvia ruge. Es el tío, como otras veces, entra a mi pieza, resopla encima mío, me baña con su saliva borracha y yo suplico ¡perdóname, Diosito, nunca más dejo tu carita abandonada!
Luz Marina Vergara. Profesora de español y actriz. Dirige el grupo de teatro Sombras del CEAT. Coautora del libro “José Chesta textos y contextos” (investigación teatral).

 

Vertedero

Alrededor de las seis de la mañana del día de hoy, en un sector del ex Fundo Santa Eugenia, ubicado en el acceso sur de la Autopista del Maipo, en la comuna de Paine, fueron encontrados los cadáveres de dos mujeres con signos claros de haber sido abusadas sexualmente y luego atropelladas.
Hasta el momento se desconoce la identidad de las víctimas, pero según antecedentes preliminares, se determinó que las edades de ambas fluctuarían entre los veintiocho y los cuarenta años.
En el momento del hallazgo, los cuerpos se encontraban desnudos y sus ropas desperdigadas por la zona. La mujer más joven habría tenido un calcetín empuñado en su mano derecha, y se determinó que habría estado embarazada de unos seis meses. Ambas víctimas presentan lesiones en el tórax y cráneo, lo que evidencia la posibilidad de haber sido atropelladas y luego arrastradas por sus victimarios.
Nona Fernández. Actriz, escritora y guionista. Autora del conjunto de cuentos “El Cielo”, “Mapocho” y “Av. 10 de Julio Huamachuco”.

 

Grasocienta

Dejó de soñar porque las princesas son bellas y el espejo le devolvía su imagen distorsionada. Él dijo que era gorda y ella le creyó, él dijo que era vieja y le rompió el corazón. Es la Fea Durmiente, la Negra Nieves, la Ballenita.
Taty Torres. Es poeta y narradora de Penco. Esta es su primera publicación.

 

 

 

 


VENEZUELA

Cien mujeres contra la violencia de género. Compilación: Kira Kariakin, Virginia Riquelme, Violeta Rojo. Caracas: Fundavag Ediciones, 2015. ISBN 978-980-7581-14-1. 144 páginas.


El bulto

A M. la terminaron botando del colegio. En el patio, durante los recreos, se hacía el silencio a su paso. Era linda, M. Pero en los últimos tiempos sus tenues ojeras  se habían tornado violáceas y sus ojos parecían pajaritos enjaulados. Las más maliciosas juraban verle el botón del pantalón desabrochado y la franela del uniforme ajustada donde meses atrás la tela se movía con holgura. Las más pequeñas nos limitábamos a presenciar su purgatorio. Le hicieron presentar sola sus exámenes finales antes de impedirle inscribirse en su último año de bachillerato. Todos sabíamos que R. era el novio de M. Nadie le preguntó por ella en octubre, cuando comenzó el año escolar y él sacó de su bulto los cuadernos nuevos.
Margarita Arribas. Profesora de la Universidad del Zulia, periodista y escritora. www.escenasbaratonas.tumblr.com  @pimpina

  

Dientes completos

-Flaca, pero si tú ya sabes cómo son los hombres. Una tiene que tenerles paciencia; ya lo dice Dios que creó a la mujer para que los acompañara y guiara. Una tiene que ser su motor y no ponerse con vainas a pedirles explicaciones. Así un hombre se espanta, ¿y quién no se va a espantar si ya no eres ninguna muchachita? Póngase hielo en ese ojo y deje de meterse con él, sea pilas, adelántese, piense en lo que va a querer después, una sopita, una pastillita. Hágase la pendeja que así sí es que va a estar siendo inteligente. Esa vaina es de lesbianas o solteronas; dígame, ¿usted quiere pasarse la vida así sola?-
La flaca subió la cara y se contó los dientes con la lengua. Estaban completos. Se dejó acariciar por su tía Azucena y se tragó las lágrimas y la respuesta.
Ana Lucía de Bastos. Narradora, editora. Licenciada en Letras en la Universidad Central de Venezuela, con maestría en Literatura Portuguesa en la Universidad de Oporto. Cursó también la Maestría en Edición en la Universidad Autónoma de Barcelona. Miembro del Apéndice de Pablo. @analuciadbh

 

La otra violencia

Todas las mañanas ensamblaba las piezas de su cuerpo perfecto: la nariz mutilada con la precisión de un diamante, los pechos de roble pagados a plazos. Se pasaba el resto del día girando como un carrusel de esperanzas efímeras. Siempre pensó que la igualdad sexual era un hecho. Nunca notó la violencia que subyace tras el simple juego de las muñecas, las canciones de tecnomerengue o las tardes de cabellos quemados en el salón de belleza. Vestida de novia aguardaba, insensata, por un hombre celuloide. Entonces, de un amasijo de películas antediluvianas, nació un monstruo, mescolanza de imágenes, que la confinó a una torre quirófano. Ya no le queda cuerpo. Desea creer que esa etérea sensación es la felicidad. Nota con horror la presencia de un cisne en su respiración. Observa circunspecta el paso de las nubes con formas de ágiles conejos y coliflores gigantescas. El color blanco es cilicio.
Dayana Fraile. Narradora, poeta. Licenciada en Letras, Universidad Central de Venezuela. Ha publicado: Granizo (2011) y Zinc Landscape/Paisaje Zinc (2011). @dayanafraile

 

Hacia la luz

Sin fuerzas se arrastra por el suelo, Ella quiere irse de allí, está desnuda, trata de respirar sin hacer ruido. Está lloviendo muy fuerte, hace frío, gateando cuidadosamente va hacia el baño de la habitación, y se pone el albornoz.
Sigilosamente intenta buscar el armario; pero tropieza, el método más seguro de llegar es a gatas. Con las manos como defensoras va abriéndose camino, reconociendo su territorio y esquivando los obstáculos, hasta que con su dedo da con el metal frío por el que se deslizan las puertas de su armario.
Mueve la puerta silenciosamente y explora los calzados: unos de él; unas pantuflas de Ella, se las pone. Sigue a gatas, dando tumbos, está adolorida y casi sin aliento, no sabe si podrá llegar a la puerta de salida. Un tenue olor a madera comienza a rodearla, la ha conseguido. Ya nunca más tendrá que arrastrarse.
Daniela Francis. Comunicadora Social, Universidad Católica Andrés Bello. Ganadora de la VI Edición del Premio de Cuento Carlos Eduardo Frías.

 

Hace un minuto mientras me tomaba el café tuve una visión. Yo soy un hombre, dije, me pongo las botas, beso a mi mujer y me voy. El rifle está limpio. He leído poco en la vida pero sé que una palabra corta y deslumbrante alcanza un blanco. A veces pongo el rifle en mi boca porque creo que estoy cansado y me da por contarme las costillas, a ver si es cierto. Mi mujer me mira mientras cuenta sus botones. A veces aprieta sus botones y me pregunto si con ello acariciará mis huesos. A veces la odio. Ella acaricia los animales antes de degollarlos. Después se quita las gotas de la cara. Yo soy un hombre, digo, pero no logro que “hombre” sea mi palabra deslumbrante.
Enza García Arreaza. Narradora. Ha publicado: Cállate poco a poco (2008), El bosque de los abedules (2010),  Plegarias para un zorro (2011). @enzagarcia

 

Ejercicio de ficción

Puedo intentar el ejercicio de la ficción. Puedo contar cosas que no pasaron, pero también puedo tener presentes las historias de ellas. Historias negadas mil veces. Historias que no se quieren contar. Historias que se intuyen, flotando en conversaciones, como flechas invisibles o látigos. Están allí para que recuerde los nombres que no debo olvidar. Recordar. Recordar vergüenzas. Recordar como salvación. Recordar el nombre de la mujer de la cual provengo  y el  de todas ellas. Tener presente los nombres, sus nombres, mi nombre. ¿Por qué hablar de ficción si las tengo a ellas? ¿Por qué no contar sus nombres? Y sobre todo, por qué no nombrarla a ella, exorcizar el nombre de mis temores, el que dejó de latir, el que no puede ser ficción, el que escapa de etiquetas. Por qué hablar de ficciones si la puedo nombrar, si puedo atraparla por un instante. Y al decir su nombre decir: ella existió.
Lennis Rojas. Narradora.  Co-fundadora y Coordinadora de Ficción Breve Venezolana. @lennisrojas

 


PERÚ

¡Basta! 100 mujeres contra la violencia de género. Cucha del Águila, Christiane Félip Vidal (antólogas). Lima. Editorial Estruendomudo. Primera edición: agosto de 2012. ISBN: 978-612-46168-8-4


Juárez

Minifalda y cinta de terciopelo azul en el cuello. Le costó el salario de dos días, pero se la compró. Le parecía chulísima, y la acompañaba con un carmín oscuro, casi del mismo color. La Lupe le había dicho que no quedaba bien con su cara redonda y morena. ¡De puritito envidiosa nomás! Al cabo que a ella ni le importaba. Ya estaba soñando con el pirsin en su boquita azul. Seguro para después de la secundaria porque su mamá ni loca la iba a dejar “¡No sea pendeja mijita! ¡No vas a ir a la chamba con esa facha que te van a seguir!”
Y la siguieron.
Cuando la encontraron no le faltaba ni una uña.
Y el corte había sido impecable bajo la cinta.
Marissa Amado Vargas. Actriz y narradora nacida en Lima. Licenciada en Derecho por la PUC. Viaja a Madrid en 1990 donde estudia Literatura, Teatro y Narración. Allí funda el grupo Palique. En Perú es Co-Directora del Festival Déjame que te cuente.

 

Herencia

Todos dicen que de mi abuelito Germán heredé el azul de mis ojos; que del tata Miguel la piel morena y nadie puede negar que soy idéntica a mi padre. ¿Y de mi mamá y mis abuelas?  Ahora lo entiendo, de ellas heredé el miedo.
Camila Chávez (Lima – 1975). Escritora anónima. Madre, hija, hermana, nieta, amiga, nuera y compañera de otras maravillosas mujeres.

 

La muñequita Sally

Sally, tú no eres la muñequita del folklore. Ni es tu madre la que fue fatalmente atropellada después de enterrar a su hija. Tú eres Sally, la menor de Zoila, quien te dejó con tu papá para criar a los hijos de otra mujer. Zoila, la que solo quería tu bienestar, tus zapatitos lustrados, tu vestido nuevo, tu oreja de chancho el domingo. El único día que te veía. Te apachurraba fuerte contra sus pechos caídos y murmuraba mi chiquita linda, mi bebe, mi wawa.  Casi las mismas palabras que jadeaba de noche como un animal tu padre al montarse sobre tu cuerpecito para manosear tus púberes senos, babear tu vientre chato y penetrarte hasta agotar las ganas de su pene erecto. Qué suerte, Sally, tú no eres la muñequita muerta. De las 88 que hoy compitieron por los tres cupos del día, ganaste uno en el psiquiátrico estatal.
Isabella Falco (Lima, 1958) estudió Literatura Comparada y Cine en Estados Unidos.  Es Directora de Imagen País en Promperú, feminista, publicista y va a construirse una casa de campo zen.

 

Micaelas

Estaba en el rio aliviando los pies cansados, de pronto, las truchas comenzaron a agolparse lanzándose a la orilla. Algo muy fuerte me impedía moverme y huir con ellas. Se clavó el deseo rabioso en mi corazón, “que la tierra me trague, que me escupa en otro lugar, en otro tiempo”. El cielo se hizo gris, al mismo tiempo que un hervidero de gallinazos destrozaba con sus picos los vientres de las truchas…que no morían. El río se coloreó de infamia. Los gallinazos babeaban sobre mis trenzas, me ataban brazos y piernas, y el grito de mi vientre no explotaba en mi garganta. Metí mi mano escamosa en el agujero de mi barriga y acaricié el lugar donde habían dormido mis niños antes de salir a este mundo. Cuando al fin pude escapar del sueño, me escupió en la cara la voz del desprecio: ¡Ya no parirás como cerdo!
Elizabeth Lino Cornejo (Perú) Teatrista, narradora oral, investigadora interesada en temas de memoria, historia e identidad cultural.

 

Por ser tú, te lo buscaste

Despiertas, lavas tu cara de mujer, te ves al espejo, sonríes coqueta, niña, sin ropa, te miras, te quieres, te quejas un poco, mujer, la ducha te espera, el desayuno servido, la sonrisa de él, esposa, la mirada de admiración y eterno amor de ellos, madre.  La llamada de todas las mañanas, la conversa acogedora, hija, hermana, nuera. Una última mirada al espejo, mujer, besos repartidos, esposa y madre. Sales a la calle, trabajadora independiente fuerte y luchadora, saludas, vecina. Estiras la mano, detienes al taxi, segura, negocias, subes, sonríes, buenos días.  Revisas la agenda, levantas la mirada, mujer.
Por coqueta, por vestirte bonito, por ser mujer, niña, madre, esposa, hija, hermana, nuera, trabajadora, vecina.  Por ser coqueta. Porque te lo buscaste. Hoy no regresaste a casa, MUJER.
Zoë Massey, Lima 1976. Fotógrafa, trabajo en gestión cultural, bilingüe. Melómana, cinéfila, adicta a internet, dependiente del celular como extensión del cuerpo. Defensora de los animales. Hago foto porque no sabía cómo empezar a escribir, escribo porque no sé cantar. Pero canto igual.

 


BOLIVIA

¡Basta! Treinta y nueve escritoras bolivianas dicen ¡basta! contra la violencia de género. Gaby Vallejo (editora)[,] Cochabamba. Fundación Ibero Americana del PEN Internacional. PEN International Women Writers Committee. Comité de Escritoras de PEN Bolivia.


Mejor antes

Volvía tarde. Sabía que él estaría esperándola como fiera enjaulada. Una luna de miel amarga la estaba enfrentando a esta faceta sombría de un marido que recién empezaba a conocer.
-¿Dónde estabas? ¿Dirás que en otra reunión de trabajo? ¿Con quién andabas  hasta estas horas! – crispó los puños, mientras ella balbuceaba una explicación entrecortada.
El hombre levantó la mano sobre su rostro, pero entonces ella gritó. Sintió una fuerza que desconocía y que le brotaba desde alguna zona oculta de la mente y de las vísceras más que de la garganta. Su grito paralizó a los habitantes del edificio, se elevó por encima de las azoteas e irrumpió en todas las alcobas de la ciudad enmudeciendo a sus habitantes.  Gritó, gritó, gritó…
-No grites así, Pensarán que te estoy matando. ¡Pero si no te he pegado siquiera…!
– ¿Te puedes imaginar lo que hubiera hecho si me hubieses tocado?
María Melita del Carpio Soriano. Nació en Cochabamba. Narradora, ensayista, autora de textos teatrales y de publicaciones pedagógicas sobre la didáctica del lenguaje Es actriz de teatro y cine y directora de teatro. Profesora literatura, Licenciada en Educación y Máster en Formación Docente en la Normal Católica, la Universidad Católica, y la Escuela de Posgrado de la Universidad Militar (ECEM). Ha sido presidente del PEN Bolivia.

 

Cómo hago para que se vaya

Se preguntaba, ¿Cómo hago para que se vaya?
Cuando vio su cara en el espejo, los  violetas y verdes todavía seguían…. Y las cicatrices seguirían más todavía… Se había jurado  a sí misma…. es la última vez!… y lo había conseguido, Dios!!! Lo había conseguido, fue la última.
Ahora estaba lejos, entre manos amigas. Dio su declaración y contó de los años y meses  de reclamos y acusaciones de todo y de nada. La vida de golpes en el cuerpo y en el alma. Los viajes a hospitales. Las historias inventadas sobre caídas, accidentes, asaltos imaginarios….. y sobre todo el terror. El terror de que llegue… de que no le guste… de que sospeche… el terror de que esté….
Elena duerme, ya pasó todo!… decidiste vivir, …él ya no está! Se fue. ¿Te acuerdas?, lo denunciaste y ya no volverá más……
-Él se  fue…, si,  ya sé……pero, ¿Cómo hago para que se vaya….el miedo?
Estela Mirian Rivera Eid, estudios principales, sociología  – UMSS.  Gestión cultural, Ministerio Culturas España, cursos superiores – CESU – UMSS. Cantautora de música y letras de “Mujeres en la historia de Bolivia”[,] “La revolución de Cochabamba”, “Canción cumbre de la madre tierra”,  canciones contra la violencia. Libros “Festividades de Cochabamba”, “Antología de cuentos”.

 

La niña y el tamaño de su madre

La niña no se acostumbraba a su madre fuera cada vez más pequeñita. Primero el cambio era poco notorio. Comenzó a darse cuenta cuando ya no tenía que levantar la cabeza ni ponerse en puntas de pie para mirarla o hablar con ella. Su mamá estaba volviéndose más y más pequeñita. ¿Qué puede hacer una niña si su mamá es tan chiquita como ella? ¿Quién cuidaba a quién? Estas preguntas mantenían a la niña despierta por las noches. Ella apretaba fuerte los ojos para que el sueño viniera y la arrullara. Pero los ojos no se dejaban engañar. Sería porque los gritos entraban por sus oídos haciéndola temblar. ¿Quién puede dormir si está temblando de miedo?  Hasta que una noche la niña decidió que iba a defender a su mamá. Y se fue a la cama con su arma secreta. Ahí espero, hasta que comenzaron de nuevo los gritos. La niña se levantó descalza y fue despacito hasta los gritos. El hombre estaba de espaldas a la niña, con el puño golpeando, una vez más. La madre miró a la niña y su arma secreta. Y se vio en sus ojos, tan chiquita como un ratón. Y se paró, y dejó de gritar y enfrentó la mano violenta. Entonces comenzó a crecer de nuevo. Al ver que crecía, el hombre se asustó y se fue, calladito. La niña y la madre se abrazaron. Esta vez habían crecido las dos.
Carmen Beatriz Ruiz. Santa Cruz de la Sierra, 1956. Licenciada en comunicación social (Universidad Católica Boliviana), maestría en Ciencias sociales, mención antropología (Universidad de la Cordillera). Publicaciones: Género y poder local (Editora, 1993), Crecer con el siglo (2006), Espejos en la memoria (2010) y Fronteras desbordadas (2013) y medio centenar de artículos sobre derechos humanos, derechos de las mujeres y desarrollo rural.

 

El río

Cuentan que se fue para el río y se fue hundiendo despacito hasta dejarse llevar por la corriente, habían  llorado tanto que el río subió dos metros y medio, pues de su cuerpo emocional salía agua y más agua.
Lo que nadie supo fue que Teresa había dejado la casa, los hijos, la cocina, al marido…hastiada ya de tantos insulto …perra!!! puta!!! mal nacida!!! Que como escorpiones subían por su cuerpo y se adherían a su piel punzándole, atragantándola, por eso sin rumbo fijo, con la mente en blanco fue que se adentró en el río queriendo morir…pero el agua cristalina la había limpiado, el río se tiñó de negro, la corriente la llevó tan lejos y la sacó al sol junto a un pajonal…cuando abrió los ojos, la angustia ya no estaba allí!
Roxana Selum Yabeta, narradora boliviana nacida en Moxos. Incursionó en el género erótico en los noventa dando un salto cuántico en la literatura boliviana. Más tarde escribió poesía y prosa erótica en el Semanario La Época. Publicada en antologías nacionales y extranjeras.

 

Las puntas de tus senos

Para que  las otras mujeres sepan, para que no haya más mujeres como tú, para que ninguna más se atreva, para que aprendan de este cuerpo que se va desangrando, para  escarmiento de todas las putas como tú, para ejemplo, para muestra de cuánto puede un hombre traicionado, dejo que siga corriendo tu sangre delante de mí. No te salvaron los gritos. No te salvará la palidez que viene, ni tu boca muda ahora, después de haber cortado solo las  puntas de tus senos que besó y chupó el desgraciado.
Gaby Vallejo Canedo, nace en Cochabamba, septiembre de 1941. Profesora de Literatura y Lenguaje y Licenciada en Ciencias de la Educación. Promotora de Lectura y panelista en congresos internacionales Algunas de sus publicaciones: “Juvenal Nina”, “Mi primo es mi papá´”, “Las cuatro esquinas del mundo”, “Hijo de Opa”, “Del Placer y la Muerte”, “Tatuaje Mayor”, “Amalia, desde el Espejo del Tiempo”.

  


COLOMBIA

¡Basta! Mujeres colombianas contra la violencia de género. Yaneth Peña. Nally Mosquera. Nathalie Pabón Ayala. Carlos Medina. Amor Hernández. (Editores). Bogotá: Debate Escrito. Mayo de 2015. ISBN 978-958-46-6226-2.


Collares

Esa tarde, al frente del espejo, se probaba el collar de abalorios que le había regalado su hijo para las bodas de oro. Pocos días después, los delincuentes atacaron su casa de campo, le ataron un collar de explosivos alrededor del cuello. Horas de angustia a campo abierto; expertos intentaron desactivar la bomba. A las cuatro de la tarde, a una distancia prudente, su familia vio la explosión, el cuerpo destrozado de la madre, los gritos, las lágrimas; imagen aterradora en un país acostumbrado al carnaval de la muerte inverosímil.
Nana Rodríguez Romero. Tunjana, escritora, profesora de Filosofía y Humanidades.

 

Territorio

Si hoy murieras, como una equivocada flecha sobre la carne herida, hoy, bajo el cielo morado que se arquea sobre la ciudad de siempre, sería terrible la tarde que palpita en mis ojos, madre. Son tantas las voces que te nombran territorio, el cuerpo amado pero infame que hace tanto rasgó tu deseo y que entonces supiste se sublevaría y esa extraña guerra te dejaría a la sombra de todos los muertos que tendrías que peinar con tus manos, con tu lengua. Era abril cuando bajo un paraguas caminabas la lluvia, ardiendo en tu propia sal, feliz y reciente entre las calles que eran ríos en los que creías ver, clarividente, el mapa de un futuro vivo. Te quedó hambriento el corazón porque llegó el futuro; la rutina de una casa de hijos que se iban silenciosos a transitar los campos iluminados por los fuegos fatuos, te quedó la urgencia por urdir con la voz el aire que separaba el sexo del amor. Te quedó el grito de las manos y en la sien la estela de los que creyeron reclamar en ti su territorio. Pero aquí en el mundo yo te sé palabra y luz, memoria de todos los huesos erigidos bajo el sol o apagados bajo el mar que sobre sí mismo flota.
Camila Charry Noriega. Profesional en Estudios Literarios, publicó el libro de poemas  Detrás de la bruma.

  

Solo un juego

Estoy en este hospital psiquiátrico porque me niego a jugar, nadie entiende que no me gustaba sentir su baba resbalando por mi boca ni su juego a atrapar mi lengua; un día jugué a no soltarla, apreté y apreté tan fuerte que sé que ya nunca más me volverá a lamer la cara, ni los ojos, ni mi alma; lo mejor de todo es que ahora con mi hermanita tampoco podrá jugar.
Jennifer Paola Ramírez. Bogotana, estudiante.

 

La pesadilla

Las imágenes eran perros que me ladraban feroces. Los gruñidos se asemejaban a aquellas palabras que alguna vez escuché: ¡Bruta! ¡No sirve para nada!; fueron marcas que hoy, después de tantos años, se traducen en puñales oníricos, voces violentas que golpean los días. No creerlas ha sido el reto, no hacerlas mías. No ingresarlas al terreno propio. A pesar del olvido, hago memoria… creo pesadillas. La violencia de la palabra y sus heridas, que no sangran pero inevitablemente duelen todavía.
Ángela María Ruíz Gaona. Bogotana, magister en Literatura Argentina Contemporánea y docente universitaria, publicó el libro de poemas Tornasolados.

 

Angustia

Anoche pasó algo raro que me obliga a permanecer petrificada en la cama sin dormir hasta la madrugada… anoche llegó, comió, se acostó… anoche no me golpeó, ¡que angustia tan grande sentir que ya no me quiere!
Dora Mireya Hortúa Lancheros. Bogotana, abogada y trabajadora social.

 


MÉXICO

¡Basta! Cien mujeres contra la violencia de Género. Edición Mexicana. René Avilés Fabila, David Gutiérrez Fuentes (Editores). [Ciudad de] México. Universidad Autónoma Metropolitana (Colección: Gato Encerrado). 1ª impresión: 2014; 1ª reimpresión: 2015. ISBN: 978-607-28-0338-1.


Desamparo

Asesinaron a la hija. La madre gritó, lloró, aventó, pateó, protestó, señaló, acusó, manoteó, corrió y la mataron, frente al Palacio de Gobierno.
Azucena Franco Chávez. Maestra en Letras Latinoamericanas por la Facultad de Filosofía y Letras de la Unam, México, donde actualmente reside.

 

Fibonacci

Después de lanzar las altas zapatillas, el vestido ajustado, las oscuras medias, el sostén asfixiante, la tiránica faja, las postizas pestañas, el par de peinetas afiladas y aquellas falsas y pesadas joyas, disfrutó de un largo baño. Al hacerlo, sintió deslizarse por la coladera los últimos vestigios del yugo permitido: el artificial aroma de su disfraz. Su cuerpo, libre al fin, sintió el agua recorriéndolo. Y reconoció sus verdaderas dimensiones: libres y perfectas.
Cynthia Menchaca. Vive en Torreón; estudió maestría en Desarrollo Humano, da clases y ha publicado La princesa que no podía dejar de estornudar, Arlequines, calabazas y dragones y La rana vegetariana.

 

Violencia en la cantina

Son cuatro. Piden whisky, tequila, vodka y vino. Un plato de pulpo, bacalao y setas que circulan. Mucho picante. Mediodía.
-Yo me suicido. Sí, lo prefiero.
-Sí, no hay que perder la dignidad.
-¿Que te limpien el trasero? ¿Que carguen contigo? No, gracias.
-Mi hermano dijo: “Es un chimpancé”. Fue la última vez que visitó a mi mamá.
Las amigas suspiran. Van por los postres. Primero dicen que no. Ante la lujuriosa carta,  deciden finalmente compartir un modesto panqué de elote.
Han arreglado su futuro. Antes de claudicar en la vejez  y ser una carga para los hijos, como ahora sus madres lo son para ellas, se retirarán de la vida con dignidad.
Llega el panqué, rey de la mesa. Otro suspiro. Lo dividen, pero salen cinco pedazos.
El último queda intacto. ¿Gordas? ¡Mejor muertas!
Ethel Krauze. Escritora mexicana, doctora en literatura y profesora de posgrado.

 

A mis 63 años

Soy… ¿Quién soy? Hija de, madre de, esposa de, abuela de… Cocinera, ama de casa, “sirvienta” (que barre, que plancha, que cocina). Educada para servir y atender a la familia. Cada día me levanto con la idea de que todo esté en orden, que todo funcione bien, ver que todos tengan un buen día, aun cuando no esté en mis manos y salgo corriendo al trabajo para seguir sirviendo.
He visto crecer a mi familia, vivo con lo que les emociona, sufro con lo que les entristece, me enorgullecen sus logros, pero ¿es que solo vine al mundo para acompañarlos en su realización? ¿Solo soy un soporte para su crecimiento? ¿Qué hay de mí? No encuentro una respuesta ¿Será que a mis sesenta y tres años debo asumirme únicamente como lo que he sido hasta hoy, hija de, esposa de, madre de y abuela de? ¿Qué hay de mí?
Martha García. Reside en el Distrito Federal, es dueña de un pequeño restaurante, luchadora empedernida y soñadora incansable.

 

XV versión 757

 “Que ya es cancha reglamentaria”, responde alguien. El padre balbucea, tambaleante, ante un micrófono con estática. Poco antes, seis primos se desplazan sin seguridad ni gracia sobre el patio, y elevan a una joven aterrada sobre una multitud que aúlla y festeja a quien ya no es quien era.
Esa mañana, el esmero de las tías convirtió a sus 1.55 metros, cincuenta kilogramos, tez morena, cabello castaño y ausencia de señas particulares, en un personaje del pasado. Con astutos artificios, la madre rellenó el vestido número 757 de Maty’s Fashion que el cuerpo puberto no alcanza a colmar. Las abuelas calcularon meticulosamente grandes cantidades de arroz, pollo, mole y ron. Cosas todas que Perla detesta. Pero nadie lo sabe porque, ¿quién pregunta qué quiere una niña? Solo saben, desde que cumplió catorce, que hay que celebrarle sus quince.
Sandra Luna. Comunicadora en la Ciudad de México. Empieza a escribir.

 


ARGENTINA

¡Basta! Cien mujeres contra la violencia de género. Amor Hernández, Fabián Vique, Leandro Hidalgo, Miriam Di Gerónimo, Sandra Bianchi (Editores). Buenos Aires. Macedonia Ediciones. 2013. ISBN 978-987-1692-57-6


 

Ella también se cansó

Ella también se cansó, un día. Recogió toda la madera que halló y construyó una pequeña barca y unos remos. Con diarios viejos y pegamento fabricó las velas. Reunió todas las lágrimas que por tanto tiempo y por toda la casa había derramado, y luego las arrojó al suelo, inundándolo todo. Subida a su barquito, se alejó por esa mar de llanto hacia el horizonte infinito, risueña.
Sofía Criach Montilla es estudiante de Letras en la Universidad Nacional de Cuyo,  Mendoza.

 

¿Quién debe decir, basta?

La culpa es del espejo. Me veo el ojo izquierdo tumefacto ¿será que es cierto lo que ve el derecho? Mi boca reventada ya no podrá besarte. Mis brazos enyesados, ya no te abrazarán. Me duele el pecho, el espejo se nubla con mi aliento. ¿Será la tuya esa costilla que atraviesa mi pulmón?
No me he muerto, perdóname. Solo me has destrozado y quizá tenías razón.
La culpa fue de Dios que te sacó esa costilla.
El espejo miente. Vuelve, yo te amo.
Rosanna Altieri ha publicado cuentos, novelas, crónicas, biografía, traducciones y poemarios bilingües (italiano).

 

Teresa entre fogones

Dejé a mi patrona esta mañana. Salí a la ruta.
Mi cuerpo, yo y mi niña. De blanco. El viento
fogoneaba en mi pelo.
Las alas del ñamcu, el aguilucho, cruzándonos hacia la izquierda.
Cantos y consignas.
Cargamos piedras. Abundan. Tienen alma.
En el país azul las piedras tienen alma.
Algo vino de atrás y por la espalda.
Lilí Muñoz nació en Victoria, Entre Ríos y reside en Neuquén. Publicó libros de narrativa, poesía, ensayo y drama.

 

Lobo está

Juguemos en el bosque, mientras el lobo no está. ¿Lobo, está? Está, el lobo. Se pone los pantalones, los zapatos que ocultan las uñas y los pelos. ¿Lobo, está? Se pone la camisa y la corbata, se echa perfume para esconder su olor a bestia. ¿Lobo, está? Está afilando el cuchillito, el lobo, su colmillo nostálgico de entraña. Lobo está. Lobo acecha. Lobo te sale al encuentro y te acaricia con su garra enguantada y te envuelve con su larga lengua rosada, y te devora despacito, haciéndote creer que estás a salvo en tu escondite.
Graciela Tomassini reside en Rosario. Es doctora en Letras. Es investigadora con una larga trayectoria en el estudio de la microficción.

 

Revancha

Como todas las noches, el mago corta a la mujer en tres pedazos. Cabeza, cuerpo, extremidades. Desde una pequeña caja, la boca de ella sonríe. Con increíble destreza, con rapidez, el mago cambia de lugar las cajas: la de abajo, arriba; la de la derecha, a la izquierda. En un instante, nada es lo que era. El mago dice las palabras mágicas, las cajas se ordenan, las tapas se abren y la mujer aparece, íntegra. Su boca sigue sonriendo. Hace una reverencia frente al público y gira en dirección al mago. Él parpadea, desconcertado. Ella lo mira fijamente. Su mirada es tan penetrante que la cabeza, el cuerpo, las extremidades del mago van cayendo en rodajas como cortadas por un cuchillo gigante. El público aplaude enardecido ese truco inesperado.
La mujer vuelve a saludar y, con aire altivo, abandona el escenario sin dejar de sonreír.
Ana María Oddo reside en Castelar, Provincia de Bs. As. Docente, narradora oral y escritora.